Saludo de Bienvenida

Hola, mi nombre es María Eugenia Kamboykos y es un placer darles la bienvenida al Blog que forma parte de la página web de la Fundacion Oikos de la cual soy Fundadora y Presidente.

Me gustaría iniciar hablando un poco de mí historia personal, la misma que me condujo hasta esta hermosa iniciativa.

Nací en Cúa estado Miranda en Venezuela, a los pocos meses mis padres se mudaron a la población de Puerto Cabello en el Estado Carabobo, donde crecí y cursé mis estudios, inicialmente bajo la tutela de las hermanas del Sagrado Corazón de Jesús de la congregación de San José de Tarbes, quienes me inculcaron la práctica de la misericordia hacia el prójimo como valor cristiano, estos aprendizajes obtenidos de ellas se sembraron profundamente en mí y constituyen parte importante de mis principios de vida hasta el presente.

La congregación tiene dentro de su organización un grupo llamado MITAR, “Misiones Tarbesianas”, que durante décadas se ha dedicado a ofrecer ayuda a grupos que viven en extrema pobreza y a etnias indigenas dentro de Venezuela, así como en otras partes del mundo como Uganda y otros países del continente Africano.

Recuerdo como ellas nos enseñaban a usar alcancías para recaudar dinero comenzando por nuestros padres, el mío era un comerciante de orígen Griego a través del cual pude llegar a esa comunidad de empresarios y comerciantes del mismo origen de mi padre, quienes nos daban importantes aportes a mis compañeras de estudios y a mi en los intercambios que haciamos entre nosotras para lograr llenar completamente nuestros potes de donaciones.

A partir del 5to grado de primaria me convertí en la líder y Presidenta de ese grupo y junto a religiosas del colegio, montamos en muchas ocasiones, ferias de comidas y espectáculos de distracción nuevos, tanto para el colegio como para la comunidad, lo que abrió una serie de oportunidades de recaudacion monetaria.
Este tipo de eventos nos llevó a ser el primer colegio Tarbesiano dentro de Venezuela en obtener la mayor recaudación de dinero para donaciones. Definitivamente, religiosas de la talla de Sor Aida Mercedes, Sor, Aura Rosa, Sor Maria Elena y muchas otras fueron figuras relevantes y de mucho impacto en mi vida.

Al terminar la primaria, pasé a estudiar al colegio la Salle manteniendo la misma línea de valores cristianos, basados en la vida de Juan Bautista de La Salle, un hombre que consagró su vida a la formación de maestros destinados a la educación de niños y jóvenes, especialmente los más pobres.
Por otro lado, mi padre también me dió un gran ejemplo de ayuda al prójimo, por instrucciones personales, en su negocio era habitual que cada fin de semana se cocinara una gran olla de sopa que era regalada a todo el que tuviese hambre y pasara por allí, ví como ayudó y alimentó a personas pobres, lisiados, enfermos, minusválidos, entre otros.

Por esa época, muchos inmigrantes que habían llegado a Venezuela durante la guerra, guardaban todo lo que ganaban para enviarlo a sus familiares en el extranjero por lo que se alimentaban escasamente de pan durante la semana, pero los sábados sabían que tenían un buen plato de sopa caliente sin costo en el restaurante de mis padres.

En la época de mi adolescencia y hasta los veinte años sentí que mi vocación era totalmente humanitaria y dedicarme a los mas desprotegidos, por lo cual probé en diversos noviciados y entre ellos el que más impacto tuvo en mí fue el de las Hermanas de la Caridad en la ciudad de Barquisimeto, con quienes viajé como misionera durante algunos meses al Delta Amacuro, donde convivimos con los Indios Waraos, esa fue una experiencia única e imborrable.

Sin embargo, la vida tenía otros planes y tuve que enfrentar un evento díficil, el fallecimiento de mi padre, lo que me obligó a hacerme cargo de otras responsabilidades familiares que me apartaron de mi sueño misionero.

En el año 2017 viviendo en USA, con dos hijos adultos e independientes, fui sorprendida por serios problemas de salud que me dirigieron a ocuparme de mí y a la búsqueda de respuestas que me llevaron a encontrar el camino de regreso a mi parte espiritual, eso marcó un antes y un después, de ese modo recordé y acepté cual es mi verdadera pasión, lo que me llena y da sentido a mi existencia, el placer inmenso que siente mi corazón cuando hago servicio desinteresado al prójimo.

A partir de entonces, me he dedicado a la ayuda social a mis hermanos venezolanos y hasta este momento hemos recolectado y enviado a Venezuela mas de una tonelada de insumos, entre ellos: comida, ropa, calzado, juguetes, útiles escolares y de aseo personal.

No obstante, es en el año 2020 cuando registramos legalmente la Fundacion Oikos dándole carácter jurídico y asumiendo las responsabilidades asociadas a ello.

En Oikos nos sentimos comprometidos con los niños en Venezuela y también con los pertenecientes a la diaspora en Latinoamérica y el Caribe, queremos desarrollar y promocionar acciones destinadas a disminuir el hambre, el abuso y las necesidades que sufre nuestra población, sobre todo a temprana edad, nos proponemos sembrar bases firmes para ofrecerles a ellos la posibilidad de tener una vida feliz, saludable y productiva. El momento de actuar es ahora.

Gracias por apoyarnos, gracias por permitirnos capitalizar su ayuda. Estamos actuando basados en esos mismos valores de respeto y misericordia que antes mencioné, por ello, somos claros y transparentes en nuestro accionar. Estamos dirigiendo nuestras actividades a crear buenas alianzas con otras organizaciones para fortalecer el trabajo que realizamos y que persigue un solo objetivo común; el bienestar de nuestros niños.

Porque “Quien tiene un hijo. Tiene todos los hijos del mundo”.
Estoy a su entera disposición, sé que juntos podemos demostrar que los buenos somos más.

Sinceramente,

Maria E. Kamboykos
Presidente

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